<body style="background-color: #CDCDCD"><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener("load", function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <iframe src="http://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID=26811780&amp;blogName=La+Muerte+en+Monopat%C3%ADn&amp;publishMode=PUBLISH_MODE_BLOGSPOT&amp;navbarType=BLUE&amp;layoutType=CLASSIC&amp;searchRoot=http%3A%2F%2Fmuerteenmonopatin.blogspot.com%2Fsearch&amp;blogLocale=es_AR&amp;homepageUrl=http%3A%2F%2Fmuerteenmonopatin.blogspot.com%2F" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" frameborder="0" height="30px" width="100%" id="navbar-iframe" allowtransparency="true" title="Blogger Navigation and Search"></iframe> <div></div>



sábado, febrero 10, 2007


Mi cerebro sin mi - Parte 1



Volver a escribir acá es como entrar a tu casa después de unas vacaciones largas. Hay tufo, tierra, está todo medio oscuro, es complicado respirar y las cucarachas ya se hicieron un centro comercial abajo de tu heladera. Pero a pesar de todo lo que he pasado, es menester que les cuente la historia de como perdí mi cerebro, que fue del destino de dicho órgano y de como nos reencontramos.

Primera Parte: De cómo Roy ganó un título universitario, vendió 4 años de su vida y perdió su cerebro, todo en 14 horas y media.

Era 18 de Diciembre, había sol y hacía bastante calor para salir a la calle con tricotta, pero yo como soy un intransigente me la puse igual. Venía caminando por la calle, orgulloso de mi sudor, silbando bajito un tema de Cacho Castaña cuando pasé por la puerta de una famosa universidad privada. Me paré a admirar ese enorme edificio, con todos sus pisos y ventanales de vidrio hasta que una melodía a lo lejos que decía algo así como "Menem lo hizoooo" me distrajo y me hizo mirar a un cartel pegado en un árbol. El cartel rezaba:

Permuto título de abogado
Interesados pasar por el 6º piso, of. 66
Hablar con el Dr. S.A. Tanás


Tomé el ascensor, toqué la puerta. Me atendió un tipo raro.

-¿Dr. Tanás?
-Si, soy yo. Tome asiento por favor.

Tenía una cabellera rubia que llenaría de orgullo a Adolfito Hitler, ojos achinados, nariz de gancho tipo judía, cara de árabe y tez negra. Conocedor yo de que la genética hoy en día hace maravillas, decidí no asombrarme por la rareza étnica de dicho individuo.

-Vengo por el cartel que vi en la puerta- dije yo
-Ah sisi, aca está. Un título de abogado, firmadito y listo para ser usado. Joya, nunca papel higiénico.
-Mire usted que lindo. ¿Cuánto pide por esto?
-Una ganga: cuatro años de tu vida nomás.
-¿Cuatro? ehhhmmmm.... bueno, hecho.

Firmé un contrato que me obligaba a morirme cuatro años antes de lo previsto y me dio el tubito con el título.

-Nos agarrá en promoción- me dijo - Con tu título le damos de regalo un grupo de jóvenes entusiastas pandilleros que ya mismo lo esperan en la puerta dispuestos a festejarle y tirarle huevos y otras mugres.
-Joyaaaa, acepto.

Salí a la calle y me llenaron de huevos, harina, yerba, salsa de tomate, gaseosas baratas, vinagre, aceite de cocina, aceite de auto, fluido Manchester, cal viva, agua oxigenada, shampoo para la caspa y sal gruesa. Me ataron a un poste y me tiraron desodorante Axe en los ojos y colonia Paco en el culo. Fue ahi cuando me arrepentí de fumarme ese porro a la mañana, único responsable de que haya aceptado todo lo que sucedió. Pero lo peor aún estaba por llegar.
Acto seguido me lavaron con una manguera a presión y me subieron a la caja de una camioneta. Era una Ford F-100 blanca (detalle que no tiene nada que ver con nada), me pusieron un disfraz de Robin y me tiraron en Lomas de Zamora. Se rajaron. Yo entré a caminar por las calles esquivando a la gente que se reía de mi. Me metí en un almacén de ramos generales para pedir ayuda, pero el señor que atendía me llevó a un sótano convencido de que yo era el árbitro de la riña de gallos que se estaba llevando a cabo ahi. Contra mi voluntad, fui juez de las primeras 18 peleas y me comí algo así como 945 picotazos de los mejores gallos de conourbano bonaerense. Cuando estaba por promediar los 1000 picotazos pude convencer a los contertulios de que no era ningún referí. Me sacaron del medio a las trompadas y me invitaron a tomar un trago de vino Toro y a apostar por la próxima pelea.
"Cucurú" era el gallo campeón de Morón, el favorito. No podía perder. Sabía que si ganaba me podía volver a mi casa y fumarme la tuca que había dejado antes de salir. Pero no tenía un mango partido al medio. Quise negociar, pero esta gente que ahora creo que eran alguna especie de zombies me pidieron el cerebro. Dudé un rato pero lo aposté. No podía perder.
Pero claro, ¿cómo iba a saber yo que la pelea estaba arreglada y que a "Cucurú" le habían prometido 3 kilos de maíz si se tiraba en el segundo round? Inmediatamente la gente de ahi pidió mi cerebro. Me quise escapar pero me agarraron dos patovicas de 60 años y un petiso del fondo al grito de "Yo hice el CBC de medicina" se ofrecía para operar y sacarme el cerebro.

A partir de ahi, no me acuerdo más...


CONTINUARÁ


Dio una vueltita Cook siendo las: 4:04 PM ::
----------------------------------------------oOo-------------------------------------------------